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¿POR QUÉ DEBEMOS ENTRENAR PARA LA GUERRA ESPIRITUAL?

 

“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”

2 Corintios 10:3-5

Sin duda alguna nuestra iglesia ha entrado en un nuevo nivel espiritual. Como líderes hemos asumido nuestro llamado a ser guerreros de oración, diestros en las armas espirituales para la destrucción de fortalezas. Éste, es precisamente el fundamento con el nos revestiremos de la naturaleza del Reino y experimentaremos un despertar como cristianos.

 

Para esto, debemos entender que al hablar de “guerra espiritual”  es un hecho que como pueblo de Dios estamos en guerra abierta contra fuerzas de maldad en las regiones celestes. No peleamos contra personas, sino contra seres espirituales que por causa de la desobediencia fueron arrojados de la gloria de Dios, seres que se han convertido en principados, potestades, gobernadores y huestes de maldad cuyo principal objetivo es robar la autoridad que nos ha sido otorgada a través del sacrificio de Jesús.

 

El apóstol Pablo dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” Efesios 6:12 Todo conflicto es espiritual y con seres espirituales, por lo tanto debemos actuar con armas espirituales. Nuestros enemigos no son nuestros familiares o las personas que nos rodean, sino fuerzas demoníacas que actúan a través de diferentes circunstancias, fuerzas de maldad que usan la traición y todo tipo de ataque para herir con amargura nuestro corazón para desestabilizarnos emocionalmente, robando así la fuerza de conquista.

 

Comprender que una de las armas más poderosas para destruir al adversario es la intercesión, es algo que nos desafía a ser entrenados como guerreros y poner en práctica los principios de la guerra espiritual.

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